Génesis de la Parroquia de Fátima:
Una Devoción Consolidada
La creación de esta parroquia no se debió originalmente a la permanencia de
la Imagen Peregrina en Málaga, sino a una intensa demanda devocional previa
consolidada en las décadas de 1940 y 1950. Este fervor fue impulsado por hitos
como las visitas de la Imagen Peregrina (1948 y 1950) y la misión diocesana de
1949.
Existen dos pruebas fundamentales de que el origen del templo fue la
devoción general y no la custodia de la talla lusa:
1.- Evidencia
Arquitectónica: El camarín principal no se diseñó con las medidas de la Imagen Peregrina.
Si se hubiera previsto su estancia definitiva desde el inicio, el espacio
litúrgico habría seguido modelos como el de la parroquia de Fátima de Ourense,
adaptado específicamente a las dimensiones de dicha talla. (Talla similar a la
de Málaga del mismo autor y
aproximadamente del mismo tamaño)
2.- Identidad
Iconográfica Inicial: La primera Eucaristía se celebró ante una imagen del Inmaculado Corazón
de María (modelo de Pontevedra de 1925), y no bajo el modelo tradicional de
Fátima con las manos juntas. Fue esta imagen inicial, de mayor tamaño, la que
determinó la configuración arquitectónica del presbiterio.
El texto de la "Solemne Entronización" aporta una claridad
definitiva sobre la intención de contar con una imagen de envergadura que
ejerciera como titular indiscutible del nuevo templo.
Los puntos clave que refuerzan tu observación son:
3.- Toma de posesión
de "su casa": Las palabras del párroco, don Gabriel Hernández,
son reveladoras al pedirle a la Señora que "tomara posesión de su casa
como Reina, como Madre". Esta expresión confirma que la imagen que se
estaba entronizando en ese momento no era una visitante temporal, sino la dueña
y titular para la cual se había construido el "hogar" (el templo).
4.- Ubicación en el Altar Mayor: El hecho de que la imagen sea "colocada en el altar mayor" vincula directamente el acto litúrgico con el diseño arquitectónico de Fernando Morilla. Como vimos en la Memoria Descriptiva, el
camarín del altar mayor fue proyectado con dimensiones monumentales, lo que exigía una talla de gran formato que "llenara" visual y espiritualmente ese espacio, a diferencia de la pequeña Imagen Peregrina de 1950.




